Delitos contra el medio ambiente

Se estima que los delitos contra el medio ambiente se encuentran entre los delitos que generan más ganancias en el mundo, generando entre 110.000 y 281.000 millones de dólares en ganancias criminales cada año. Las tres áreas principales son la forestal, la minería ilegal y el tráfico de residuos. Los delitos contra el medio ambiente tienen repercusiones de largo alcance, más allá del coste financiero, para el planeta, la salud y la seguridad pública, la salud humana y el medio ambiente, la seguridad humana y el desarrollo social y económico. También alimenta la corrupción, con otros delitos graves, como el tráfico de drogas y el trabajo forzado.

Las acciones gubernamentales para detectar y desbaratar estos flujos financieros no han sido proporcionales a la magnitud de este problema. Por ejemplo, a pesar de las importantes ganancias, hasta ahora se ha prestado poca atención a los delitos contra el medio ambiente en las evaluaciones de riesgo y las investigaciones financieras pertinentes.

De igual forma, las investigaciones financieras han sido limitada hasta la fecha. Según una encuesta del GAFI, menos de la mitad de los países de los países encuestados (20) habían tenido en cuenta los delitos contra el medio ambiente en sus investigaciones nacionales o sectoriales sobre el blanqueo de capitales, sin embargo, la mayoría de los países tipifican como delito al menos algunos aspectos de los delitos contra el medio ambiente como, por ejemplo, la tala ilegal de árboles, y la explotación ilegal de recursos naturales.

Otro problema es que la legislación y la normativa suelen estar redactadas de forma restrictiva y pueden excluir los elementos transnacionales de esos delitos (por ejemplo, el transporte y la transformación transfronterizos).

Estos retos se ven agravados por: (i) la escasa coordinación entre las autoridades encargadas de la lucha contra el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo (AML/TF), como los investigadores y supervisores financieros, y los agentes que aplican las políticas de protección y los delitos medioambientales, (ii) la falta de competencias o recursos para que las fuerzas del orden investiguen y rastreen el producto de los delitos medioambientales. Además, en algunos países no hay suficiente conciencia social ni voluntad política para seguir el dinero de los delitos medioambientales y (iii) existen varias jurisdicciones ricas en recursos naturales se enfrentan a problemas de acceso a la banca, es decir, poblaciones que tienen dificultades para acceder a los servicios bancarios, que llevan a cabo actividades legítimas que impactan en el medio ambiente como medio de vida e ingresos familiares.

El GAFI se ha centrado en los delitos ambientales como un área prioritaria desde el 2019. En 2020, el GAFI publicó un informe sobre los riesgos de blanqueo de capitales procedentes del comercio ilegal de especies silvestres en el que se pide a los países que revisen su exposición al riesgo de este comercio ilícito. Un ejemplo del comercio ilícito son los riesgos de blanqueo de capitales procedentes del comercio del oro y de los diamantes, así como la financiación del terrorismo vinculados, ejemplo de ello encontramos la industria extractiva en África Occidental, Brasil y mi país, Venezuela.

Las estimaciones de la magnitud de los flujos financieros procedentes de los delitos medioambientales varían considerablemente, pero los datos sugieren que las ganancias suponen cientos de miles de millones de dólares anuales que afectan a todas las regiones. Con la excepción del tráfico de residuos, los delitos contra el medio ambiente suelen producirse en países en desarrollo y de renta media ricos en recursos, mientras que las ganancias proceden de economías más grandes y desarrolladas.

Algunos delincuentes se especializan en uno o más delitos medioambientales y se apoyan en redes especializadas para mover los productos y facilitar los flujos financieros. Estas redes pueden variar en complejidad y van desde los correos en efectivo hasta las redes de empresas ficticias y de fachada para mover los fondos. Sin embargo, los delitos contra el medio ambiente también pueden formar parte de una empresa criminal más amplia dedicada a diversas actividades delictivas. Dichos grupos pueden dedicarse a los delitos medioambientales junto con otros, como la trata de seres humanos, el tráfico de drogas, la corrupción y la evasión fiscal. En estos casos, los flujos financieros generados por los delitos medioambientales se integrarían en la red delictiva más amplia.

Estas redes se ven favorecidas por la corrupción y se aprovechan de la escasa supervisión normativa de las cadenas de recursos medioambientales para facilitar sus delitos. Uno de los temas clave de los delitos contra el medio ambiente es la utilización por parte de los delincuentes de la «mezcla» (es decir, mezclar troncos ilegales, metales y piedras preciosas y productos de desecho con sus homólogos legales) en las primeras fases de las cadenas de suministro. Esta práctica dificulta la distinción entre los flujos financieros legítimos e ilícitos, lo que a menudo requiere una profunda coordinación entre las autoridades de lucha contra el blanqueo de capitales y los investigadores medioambientales especialmente formados, tanto a nivel nacional como transfronterizo. Las personas políticamente expuestas (a menudo asociadas con el soborno y la corrupción), el uso de estructuras empresariales complejas y los intermediarios (por ejemplo, contables, abogados, etc.) desempeñan un papel importante. El uso de las jurisdicciones extraterritoriales, para facilitar la colocación y/o estratificación de fondos, también subraya la importancia de identificar a los beneficiarios finales subyacentes.

A pesar de las diversas estimaciones realizadas por varios organismos internacionales, es difícil conocer la escala exacta de los ingresos ilícitos procedentes de los delitos medioambientales. No todos los países recopilan datos por tipo de delito y los datos disponibles no siempre son comparables. Aunque este es el caso de muchos ámbitos delictivos, las diferencias en las definiciones nacionales de los delitos contra el medio ambiente plantean problemas adicionales para su cuantificación.

Pocos países han llevado a cabo evaluaciones de riesgo de blanqueo de capitales para considerar su posición en la cadena de suministro mundial de delitos contra el medio ambiente y, por lo tanto, no es fácil trazar una imagen precisa de la escala de los mercados delictivos. El tamaño y la sofisticación de estos delitos pueden variar desde delincuentes individuales o empresas, hasta empresas criminales globales sofisticadas y bien integradas. Se cree que la mayor parte de las ganancias, sobre todo en el caso de la minería y la tala ilegales, acaban llegando al sistema financiero internacional.

MARISA SCHWARTZ TAYLOR Y KEVIN TAYLOR.

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